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Sci-Hub: el sitio pirata que todos usamos

Por Carolina Monti (18/02/2019)

Sci-Hub, el Pirate Bay de los científicos, provee acceso gratuito a más de 70 millones de artículos y se ha convertido en el sitio web más grande de la historia en desafiar los modelos editoriales a escala masiva. De acuerdo con el primer estudio realizado sobre su uso, que fue publicado en Science -una de las revistas más influyentes del mundo académico- el sitio registró 28 millones de pedidos de descargas entre septiembre 2015 y febrero 2016 y su uso crece de manera exponencial. Pero ¿por qué los investigadores están usando esta web de forma masiva?

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Según el estudio realizado por Lariviére, Haustein y Mongeon en 2015, que comentamos en un post anterior, el modelo tradicional de publicación científica está siendo dominado por un oligopolio de editoriales que controlan el mercado: de todos los artículos publicados en el año 2013, el 50% fueron publicados por Elsevier, Springer, Wiley Blackwell y Taylor Francis. Estas editoriales, como señalan los autores, llegaron a tener ganancias en un nivel comparable al de Pfizer, Industrial & Commercial Bank of China y muy por encima de Hyundai Motors, que comprenden las compañías farmacéuticas, bancarias y automovilísticas más rentables entre las 10 más grandes respectivamente, según Global 2000 de Forbes (Lariviére, Haustein y Mongein, 2015).

La posibilidad de tener ganancias tan extremas por parte de las editoriales se debe a la peculiaridad de la economía de la publicación académica: a diferencia de otros ámbitos, los proveedores primarios (los autores) no reciben una compensación financiera o regalía por ceder los derechos sobre su obra, e incluso muchas veces son ellos mismos quienes deben pagar los costos de publicación o APC1 que llegan a superar en algunas revistas los U$s 2000. Por otro lado, los evaluadores, que realizan el “peer review” o proceso de referato de los artículos que se publican en las revistas, son también investigadores, que corrigen y revisan los manuscritos de manera gratuita, como parte de las actividades inherentes a la carrera académica. Finalmente los lectores, que también son en su mayor parte investigadores, deben pagar por leer los artículos de su interés, o bien deben hacerlo las instituciones académicas y científicas en las que trabajan. Tradicionalmente las bibliotecas de las instituciones han desembolsado cifras millonarias para suscribirse a las bases de datos que dan acceso a la literatura científica, y paradójicamente en muchos casos, para acceder a trabajos que fueron financiados con fondos públicos. Sin irnos muy lejos, aquí en Argentina, el ex-Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva2 bajo el programa de la Biblioteca Electrónica de Ciencia y Tecnología (BECYT) ha pagado millones de dólares anuales para que las instituciones académicas del país puedan acceder a la literatura científica.

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Bloqueo y lobby en contra de las editoriales monopólicas

Por Marcela Fushimi (29/06/2018)

En los últimos años venimos observando un esperanzador giro en la relación entre las editoriales científicas dominantes -como Elsevier, SpringerNature, Wiley y otras-,  y los distintos países a la hora de negociar la renovación de sus contratos de acceso a las publicaciones. Como es sabido, las instituciones académicas y de investigación de cada país -generalmente asociadas entre sí de alguna manera y con financiamiento estatal- negocian anualmente con cada uno de los proveedores el acceso a la literatura científica.
Un grupo de investigadores de la Universidad de Montreal (Larivière, Haustein & Mongeon, 2016) en Canadá mostró que los precios de las suscripciones son establecidos unívocamente por los editores internacionales y son sustancialmente más altos del costo real que implica la publicación. Este negocio es muy peculiar, ya que a diferencia de otras relaciones comerciales, aquí los autores entregan sus bienes -el conocimiento- de forma gratuita a los editores, y los consumidores -lectores e instituciones- tenemos que pagarle luego a los editores para poder acceder a ese mismo conocimiento que fue financiado, en la mayor parte de los casos, por nosotros mismos mediante financiamiento público.

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Según un informe (Shearer, 2018) de la Asociación de Bibliotecas de Investigación de Canadá, globalmente, de 2011 a 2015, los precios de las revistas académicas aumentaron entre un 5% y 7% por año, acumulando alrededor de un 25% en 4 años, con incrementos similares en 2016 y 2017. Esta tendencia excesiva de incremento de precios viene sucediendo desde hace al menos tres décadas: el índice de precios al consumidor en Canadá apenas alcanzó el 2% por año durante el mismo período, y las 29 instituciones académicas miembros del consorcio pagaron alrededor de $167 millones en 2011, $215 millones en 2014 y casi $260 millones en 2016 para acceder a las revistas. Los 5 editores “top” que controlaban cerca de la mitad del mercado y casi el 70% en algunas disciplinas alcanzaban márgenes de ganancia del orden del 29 al 39%. Otro problema frecuente en las negociaciones es la poca transparencia del proceso de contratación de las suscripciones, ya que los proveedores imponen cláusulas de confidencialidad que impiden divulgar los acuerdos alcanzados, y eso hace muy difícil la comparación de los precios y condiciones de cada contrato.
Frente a este escenario, comentaremos a continuación algunos eventos recientes que muestran un cambio de enfoque de algunos países y consorcios en su negociación con las editoriales que monopolizan el mercado de la edición científica.

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