Carolina Monti

Universidad Nacional de La Plata
Departamento de Bibliotecología
Comunicadora Audiovisual (Universidad Nacional de La Plata - UNLP). Estudiante avanzada de la Licenciatura en Bibiliotecología y Ciencia de la Información de la UNLP y de la Diplomatura Superior en Comunicación Publica de la Ciencia (UNICEN). Personal de Apoyo de CONICET con lugar de trabajo en un Instituto de investigación en Ecología Acuática.

El acceso abierto no es un modelo de negocio, es nuestro derecho a acceder a la literatura científica


En este último tiempo como bibliotecarias y activistas del Movimiento de Acceso Abierto hemos sentido un fuerte sentimiento de rechazo ante los anuncios que editoriales como Elsevier difunden entre investigadores. Tal como advierte Vessuri (2020) estos grandes grupos editoriales han tomado el control del acceso abierto bajo la premisa de “si no puedes ganarles, únete a ellos” y se proclaman ahora como sus “abanderados”, definiendo un modelo de negocio con base en el acceso a la información científica. Sin embargo, son los primeros en estar en contra de la apertura al permitir solo  el uso de licencias no comerciales luego de haberse favorecido de su explotación (Lund & Zukerfeld, 2020).

Hoy con la pandemia estas empresas han dispuesto en acceso abierto material científico acerca del COVID-19 con criterios propios -algunos de los cuales están nuevamente cerrados- para favorecer la circulación de conocimiento y avanzar más rápido hacia el desarrollo de uhttps://www.conricyt.mx/noticias-y-avisos/noticias?id=809na cura o vacuna, dejando en evidencia que el modelo imperante es contraproducente para una verdadera comunicación de la ciencia.  Como otrxs activistas, autorxs y pensadorxs del Acceso Abierto, nos preguntamos, ¿es sostenible el modelo tradicional del sistema de apropiación privada del conocimiento? y si lo fuese, ¿a qué costo? o mejor dicho, ¿qué costo estamos dispuestxs a seguir pagando? Mientras, nos toca escuchar que algunxs investigadores ya consideran que el acceso abierto se refiere únicamente a las revistas que cobran por publicar y otrxs incluso, nos consultan si las revistas de acceso abierto se refieren siempre a tener que pagar onerosos costos por publicar (APCs)1.

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Sci-Hub: el sitio pirata que todos usamos

Por Carolina Monti (18/02/2019)

Sci-Hub, el Pirate Bay de los científicos, provee acceso gratuito a más de 70 millones de artículos y se ha convertido en el sitio web más grande de la historia en desafiar los modelos editoriales a escala masiva. De acuerdo con el primer estudio realizado sobre su uso, que fue publicado en Science -una de las revistas más influyentes del mundo académico- el sitio registró 28 millones de pedidos de descargas entre septiembre 2015 y febrero 2016 y su uso crece de manera exponencial. Pero ¿por qué los investigadores están usando esta web de forma masiva?

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Según el estudio realizado por Lariviére, Haustein y Mongeon en 2015, que comentamos en un post anterior, el modelo tradicional de publicación científica está siendo dominado por un oligopolio de editoriales que controlan el mercado: de todos los artículos publicados en el año 2013, el 50% fueron publicados por Elsevier, Springer, Wiley Blackwell y Taylor Francis. Estas editoriales, como señalan los autores, llegaron a tener ganancias en un nivel comparable al de Pfizer, Industrial & Commercial Bank of China y muy por encima de Hyundai Motors, que comprenden las compañías farmacéuticas, bancarias y automovilísticas más rentables entre las 10 más grandes respectivamente, según Global 2000 de Forbes (Lariviére, Haustein y Mongein, 2015).

La posibilidad de tener ganancias tan extremas por parte de las editoriales se debe a la peculiaridad de la economía de la publicación académica: a diferencia de otros ámbitos, los proveedores primarios (los autores) no reciben una compensación financiera o regalía por ceder los derechos sobre su obra, e incluso muchas veces son ellos mismos quienes deben pagar los costos de publicación o APC1 que llegan a superar en algunas revistas los U$s 2000. Por otro lado, los evaluadores, que realizan el “peer review” o proceso de referato de los artículos que se publican en las revistas, son también investigadores, que corrigen y revisan los manuscritos de manera gratuita, como parte de las actividades inherentes a la carrera académica. Finalmente los lectores, que también son en su mayor parte investigadores, deben pagar por leer los artículos de su interés, o bien deben hacerlo las instituciones académicas y científicas en las que trabajan. Tradicionalmente las bibliotecas de las instituciones han desembolsado cifras millonarias para suscribirse a las bases de datos que dan acceso a la literatura científica, y paradójicamente en muchos casos, para acceder a trabajos que fueron financiados con fondos públicos. Sin irnos muy lejos, aquí en Argentina, el ex-Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva2 bajo el programa de la Biblioteca Electrónica de Ciencia y Tecnología (BECYT) ha pagado millones de dólares anuales para que las instituciones académicas del país puedan acceder a la literatura científica.

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