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El acceso abierto no es un modelo de negocio, es nuestro derecho a acceder a la literatura científica


En este último tiempo como bibliotecarias y activistas del Movimiento de Acceso Abierto hemos sentido un fuerte sentimiento de rechazo ante los anuncios que editoriales como Elsevier difunden entre investigadores. Tal como advierte Vessuri (2020) estos grandes grupos editoriales han tomado el control del acceso abierto bajo la premisa de “si no puedes ganarles, únete a ellos” y se proclaman ahora como sus “abanderados”, definiendo un modelo de negocio con base en el acceso a la información científica. Sin embargo, son los primeros en estar en contra de la apertura al permitir solo  el uso de licencias no comerciales luego de haberse favorecido de su explotación (Lund & Zukerfeld, 2020).

Hoy con la pandemia estas empresas han dispuesto en acceso abierto material científico acerca del COVID-19 con criterios propios -algunos de los cuales están nuevamente cerrados- para favorecer la circulación de conocimiento y avanzar más rápido hacia el desarrollo de uhttps://www.conricyt.mx/noticias-y-avisos/noticias?id=809na cura o vacuna, dejando en evidencia que el modelo imperante es contraproducente para una verdadera comunicación de la ciencia.  Como otrxs activistas, autorxs y pensadorxs del Acceso Abierto, nos preguntamos, ¿es sostenible el modelo tradicional del sistema de apropiación privada del conocimiento? y si lo fuese, ¿a qué costo? o mejor dicho, ¿qué costo estamos dispuestxs a seguir pagando? Mientras, nos toca escuchar que algunxs investigadores ya consideran que el acceso abierto se refiere únicamente a las revistas que cobran por publicar y otrxs incluso, nos consultan si las revistas de acceso abierto se refieren siempre a tener que pagar onerosos costos por publicar (APCs)1.

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