Tiempos de pandemia y proveedores de recursos en línea: alerta y análisis bibliotecarios


Palabras preliminares

Como bibliotecarias, docentes e investigadoras del campo de la bibliotecología y ciencia de la información, vemos con preocupación la forma en que algunos proveedores comerciales de libros electrónicos están difundiendo sus colecciones y servicios. Es habitual encontrarlos en eventos y jornadas profesionales en las que nos muestran sus productos, a veces a precios tentadores, con folletos publicitarios que anuncian cantidades enormes de documentos disponibles e importantes editoriales reunidas en un solo lugar. Pero ¿qué nos ofrecen realmente en esos combos?, ¿acaso esas colecciones son de utilidad para nuestros usuarios?

Si bien la compra de títulos digitales en bibliotecas es algo habitual desde hace bastante tiempo, es un hecho que las bibliotecas argentinas -y en particular las universitarias nacionales- no suelen contar con presupuestos generosos que permitan su fácil incorporación. Además, gran parte de los textos universitarios de grado en español continúan publicándose y, sobre todo, usándose mayormente en formato impreso, por lo que la inversión en este rubro es incierta y, por tanto, difícil de decidir en un contexto de escasez de recursos. En este sentido, las y los especialistas coinciden en señalar que la adquisición debería acompañarse con un plan de difusión y capacitación para favorecer la apropiación de los recursos electrónicos tanto por parte del personal docente como del estudiantado.

Recientemente, la empresa eLibro envió una propuesta a todas las universidades nacionales de gestión pública (UUNN) argentinas, a través del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), con motivo de la suspensión de clases presenciales decretada por el Gobierno nacional debido a la cuarentena obligatoria que rige para evitar la propagación del COVID-19 en Argentina. En la misma, ofrece sin cargo para el resto del 2020 acceso a su colección multidisciplinar y de textos multiusuario ‘eLibro Cátedra’, integrándola al Moodle[1] de cada universidad. Este producto se describe allí como “la mayor colección de textos digitales académicos en español del mercado, incluyendo unas 450 editoriales -comerciales y universitarias- como Granica, Fondo de Cultura Económica, Siglo XXI Editores, Akal, McGraw-Hill, Gustavo Gili, Manual Moderno, Universidad Politécnica de Catalunya, entre otras. Se trata de más de 100 mil textos a la fecha, a texto completo: libros, revistas, artículos y tesis”. Y aunque la colección se ofrece gratuita durante 2020, en este momento hay 36 instituciones en el país que figuran como clientes en su sitio web, de las cuales 14 son UUNN[2].

En este post nos proponemos analizar, concretamente, cuál es el contenido incluido en la colección “eLibro Cátedra”.

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Poder al acceso abierto: la Biblioteca Abierta de Humanidades


Impulsados por la curiosidad que nos define como profesionales de la información, nos dedicamos a explorar y analizar diferentes recursos digitales en los que se pueda encontrar información en acceso abierto, preferentemente del área de las ciencias humanas y sociales. Con estos parámetros, encontramos la Open Library of Humanities (OLH) -Biblioteca abierta de humanidades- , una plataforma sustentable y segura que gestiona y edita publicaciones en acceso abierto, la que nos llamó particularmente la atención por sus características y por proponer un modelo de edición cooperativa entre bibliotecas de varias instituciones.


La OLH fue fundada en el año 2015 en el Reino Unido, y se define a sí misma como una organización sin fines de lucro que se dedica a la promoción y publicación de revistas relacionadas con las ciencias humanas en acceso abierto (AA). Sus creadores son los Dres. Caroline Edwards y Martín Paul Eve, académico británico reconocido por promover las políticas internacionales y en el Reino Unido sobre AA.

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Si la información se comercializa ... ¿el conocimiento se sci-hubea? : algunas reflexiones pos charla “Miradas sobre el acceso a la literatura científica”


“No hay justicia alguna en obedecer leyes injustas. Es tiempo de salir a la luz y en la gran tradición de la desobediencia civil, declarar nuestra oposición a este robo privado de la cultura pública.”

Aaron Swartz, Manifiesto por la guerrilla del acceso abierto

Un auditorio de pie -de tantos otros seguramente- aplaude a Alexandra Elbakyan, la kazaja que fue apodada la Robin Hood de la ciencia, por fundar en 2011 el sitio Sci-Hub y ofrecer para todxs la literatura científica que era accedida hasta el momento solo por aquellxs que podían pagar o que tenían una institución que les facilitaba el acceso. También a nosotrxs -lxs integrantes del equipo de investigación de acceso abierto que miramos en streaming- nos dan ganas de atravesar la pantalla por la cual nos llega la imagen para abrazarla y agradecerle por la barrera que está derribando y por su coraje. Además, ¿quién no ha visto en foros a lxs investigadorxs preguntando cómo acceder a Sci-hub cada vez que lo bajan de un servidor? ¿Quién no ha leído en grupos de Facebook o en Twitter que la proponen como premio nobel o proponen instaurar el día de su cumpleaños como día de celebración a nivel internacional? Ahora bien, como bibliotecarias militantes de acceso abierto e investigadoras de estas temáticas hace ya varios años, se nos vienen muchas preguntas a la mente, ¿a ustedes no?

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Compartiendo el acceso abierto: Experiencias de difusión entre estudiantes


A mediados del 2017, los entonces integrantes de la Comisión de estudiantes de Bibliotecología en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (FaHCE) de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) nos surgieron diversas inquietudes relacionadas a nuestro rol profesional y a cómo difundimos la información que tenemos a nuestro alcance. Muchas de estas inquietudes tomaron mayor fuerza e ímpetu luego de asistir a distintas jornadas y congresos ese mismo año, entre los que se encontraba el VII Conferencia Internacional BIREDIAL-ISTEC y la V Jornada de Intercambio y Reflexión Acerca de la Investigación en Bibliotecología (JIRIB). Entre las preguntas que comenzaron a surgir, notamos algunas que nos repetíamos unos a otros:

¿Cómo hacemos los profesionales de la información para hacer llegar, al resto de la comunidad académica, temas relacionados con el acceso a la información?

¿Por qué hay sólo profesionales de la información en estos espacios?

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Sci-Hub: el sitio pirata que todos usamos

Por Carolina Monti (18/02/2019)

Sci-Hub, el Pirate Bay de los científicos, provee acceso gratuito a más de 70 millones de artículos y se ha convertido en el sitio web más grande de la historia en desafiar los modelos editoriales a escala masiva. De acuerdo con el primer estudio realizado sobre su uso, que fue publicado en Science -una de las revistas más influyentes del mundo académico- el sitio registró 28 millones de pedidos de descargas entre septiembre 2015 y febrero 2016 y su uso crece de manera exponencial. Pero ¿por qué los investigadores están usando esta web de forma masiva?

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Según el estudio realizado por Lariviére, Haustein y Mongeon en 2015, que comentamos en un post anterior, el modelo tradicional de publicación científica está siendo dominado por un oligopolio de editoriales que controlan el mercado: de todos los artículos publicados en el año 2013, el 50% fueron publicados por Elsevier, Springer, Wiley Blackwell y Taylor Francis. Estas editoriales, como señalan los autores, llegaron a tener ganancias en un nivel comparable al de Pfizer, Industrial & Commercial Bank of China y muy por encima de Hyundai Motors, que comprenden las compañías farmacéuticas, bancarias y automovilísticas más rentables entre las 10 más grandes respectivamente, según Global 2000 de Forbes (Lariviére, Haustein y Mongein, 2015).

La posibilidad de tener ganancias tan extremas por parte de las editoriales se debe a la peculiaridad de la economía de la publicación académica: a diferencia de otros ámbitos, los proveedores primarios (los autores) no reciben una compensación financiera o regalía por ceder los derechos sobre su obra, e incluso muchas veces son ellos mismos quienes deben pagar los costos de publicación o APC1 que llegan a superar en algunas revistas los U$s 2000. Por otro lado, los evaluadores, que realizan el “peer review” o proceso de referato de los artículos que se publican en las revistas, son también investigadores, que corrigen y revisan los manuscritos de manera gratuita, como parte de las actividades inherentes a la carrera académica. Finalmente los lectores, que también son en su mayor parte investigadores, deben pagar por leer los artículos de su interés, o bien deben hacerlo las instituciones académicas y científicas en las que trabajan. Tradicionalmente las bibliotecas de las instituciones han desembolsado cifras millonarias para suscribirse a las bases de datos que dan acceso a la literatura científica, y paradójicamente en muchos casos, para acceder a trabajos que fueron financiados con fondos públicos. Sin irnos muy lejos, aquí en Argentina, el ex-Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva2 bajo el programa de la Biblioteca Electrónica de Ciencia y Tecnología (BECYT) ha pagado millones de dólares anuales para que las instituciones académicas del país puedan acceder a la literatura científica.

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